Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Hay fortalezas que exigen su tributo de tiempo y ruina a los que las contemplan, que delatan su antiguo esplendor entre la vegetación silvestre y las últimas sombras del día que agoniza. Castillos que, de tan fuertes, no alcanzan a desaparecer, mancillados por un asedio de siglos y abandono, largo cerco enemigo en el que afirman los pájaros la liviana certeza de un vuelo en el prólogo errático del siglo XXI. Castillo entre castillos, hermosas ruinas ofrecidas en sacrificio por el olvido a las recurrentes citas de tantas tardes como esta. Castillo de Aulencia, señor herido de la historia al regazo del rumor del Guadarrama, guardián contemplativo y silencioso que protegió altivo el actualmente desaparecido caserío de la aldea medieval de El Horcajo que, mencionada en el Libro de la Montería, en la primera mitad del siglo XIV, y fue renombrada posteriormente como Villafranca por deseo del rey Juan II de Castilla. Protector y vigía, símbolo del poder feudal que se alza entre dos ríos, este castillo, hoy maltrecho y poco conocido, nos reclama atención para recuperar su dignidad y poder contarnos su ya larga historia.

Vista general de la fortaleza.

El Castillo de Aulencia o de Villafranca pertenece actualmente al municipio de Villanueva de la Cañada. Su ubicación no es casual y aprovecha los valores estratégicos de un espolón situado en la confluencia de los ríos Aulencia y Guadarrama, que sirven de foso natural a la propia fortaleza y también actúan de vías de comunicación a través de sus valles. Hoy en día se encuentra en terrenos privados, pero el que se acerca a este castillo, puede apreciar la sobria elegancia de su sistema defensivo, cuyas características obedecen a los parámetros constructivos y estéticos de las fortificaciones madrileñas de la segunda mitad del siglo XV y la primera del XVI. Su primer señor fue García Hernández, pero más tarde, en 1450, el lugar pasó a manos de Alonso Álvarez de Toledo, coincidiendo con la fundación de un mayorazgo, momento en el que probablemente se edificó el castillo con las características que actualmente muestra.

La planta general del Castillo de Aulencia es cuadrangular, con unos escasos 25 metros de lado, unas dimensiones ciertamente reducidas en comparación con fortalezas similares de la misma época. Como es habitual en estos castillos de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, el elemento más destacado de la construcción es la torre del homenaje, que se encuentra adosada a una de las esquinas, con una altura de más de 20 metros y unas dimensiones en planta de catorce por trece metros.
La torre del homenaje, desde la que se podía controlar visualmente el amplio territorio circundante, constaba de varios pisos, si bien, actualmente, su estado de ruina, solo permite acceder a la planta baja, donde se encuentra la bodega, con dos salas abovedadas comunicadas entre sí, y salida al patio de armas.

 

Torre del homenaje. (Fotos cedidas por Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada y www.castillosdelolvido.com)

El otro elemento que más destaca del castillo es la muralla, que todavía conserva una altura de seis metros y fue construida con un grosor de un metro y medio. Tiene fábrica de mampostería de piedra con encintados de ladrillo. La muralla se refuerza con ocho torres semicilíndricas, una en cada esquina y las cuatro restantes en mitad de los lienzos. Al exterior de la muralla, se conservan los restos de una barbacana o antemuralla, así como de diferentes cámaras subterráneas.

El castillo fue pasando de mano en mano y, pasado el siglo XVII, perdió su sentido militar, lo que le sumió en un progresivo y lento abandono que hizo que, a comienzos del siglo XX, ya estuviera arruinado. No obstante, es bien conocido que, durante la Guerra Civil, fue empleado como refugio de una brigada de soldados soviéticos, que apoyaban al bando republicano.

En julio de 1937, mientras se disputaba la Batalla de Brunete, sufrió graves daños, al ser bombardeada por las tropas franquistas. Lo que hoy queda es el resultado de una larga historia, ruinas que dejan entrever su antigua altivez y que, esperamos, algún día recuperen parte de su esplendor para darse a conocer a aquellos que se acercan al pasado.