Francisco Javier Morales. Doctor en Historia

Francisco Javier Morales. Doctor en Historia

Histórico ejemplo de fortaleza militar.

A pesar de que el frío animaba a guarecerse en un acogedor hogar junto al fuego, el general Prim prefirió pasear esa tarde por las solitarias calles de Villarejo de Salvanés, protegido por su pesado abrigo de piel de oso, que le había acompañado en numerosas de sus victoriosas campañas. Acababa de empezar el año 1866 y mientras muchos españoles estaban planificando su personal devenir para el nuevo año, Prim estaba ocupado, de nuevo, en intentar reorientar la política española, que, en su opinión, estaba maltrecha por la ineficacia de los líderes moderados que tenían controlada la voluntad de la reina Isabel II.

Desde su juventud, Juan Prim había sido una persona muy comprometida en buscar la mejora de nuestro país y por ello no dudó en asumir complejas responsabilidades militares y políticas, en las que alcanzó notables éxitos, pero también algunos llamativos fracasos, que le llevaron a conocer tanto la cárcel como el exilio. No obstante, era una personalidad muy apreciada y era consciente de que su opinión era muy valorada por muchos españoles; por ello, la decisión que iba a tomar ese día podía resultar trascendental para el futuro de España.

Castillo de Villarejo de Salvanés, detalles

Castillo de Villarejo de Salvanés, detalles

El viento frío que azotaba su rostro le resultaba casi agradable y parecía que le ayudaba a mantener su mente despierta. Acababa de visitar el Santuario de Nuestra Señora de Lepanto, edificio que había sido mandado construir por Luis de Requesens para agradecer a la Virgen su ayuda para alcanzar la victoria en la famosa batalla de Lepanto. Prim quiso conocer este santuario pues consideraba que quizás también podría conseguir la intercesión de la patrona de esta localidad en la empresa que estaba a punto de iniciar. Además, quería conocer la extraordinaria biblioteca que se guardaba en este edificio para consultar algunos textos sobre estrategia militar y teoría política.

Finalmente Prim llegó al castillo de Villarejo de Salvanés, donde se encontraba su ayudante, el brigadier Lorenzo Milans del Bosch, quien le informó que estaban esperando la incorporación de regimientos procedentes de Aranjuez, Leganés y Alcalá de Henares. La espera se podía hacer larga y por ello Prim decidió recorrer las dependencias del castillo acompañado de una persona que conocía bien la historia de esta fortaleza. Lo primero que le hizo saber el improvisado guía al general es que lo que se conocía como castillo de Villarejo de Salvanés en realidad era la torre del homenaje de una importante estructura defensiva de considerables dimensiones, cuyos vestigios se podían rastrear a través de algunos restos de muros que aún eran visibles en los aledaños de esta magnífica torre. La agitada vida política y militar de Prim le había llevado por diferentes territorios y ello le permitió conocer bien la arquitectura militar medieval del centro del país, por lo cual le resultó llamativa la disposición de las torres cilíndricas que rodeaban a la torre del homenaje, pues en este caso se situaban en las aristas, mientras que lo más habitual era que se encontrasen dispuestas en los laterales de la estructura cuadrangular.

La torre había sido realizada con sillarejo y mortero de cal y estaba dividida en cuatro airosas plantas. Uno de los elementos más llamativos era que apenas presentaba vanos, salvo unas ventanas resaltadas con sillares, lo cual contribuía a conferirle un aspecto de inexpugnabilidad, hecho que quizás explicase que el famoso guerrillero, “El Empecinado”, la eligiese a principios del XIX para refugiarse. Ahora, otro afamado militar había tomado esta destacada fortaleza como punto de partida para un pronunciamiento, que pretendía reorientar la marcha del país, aunque, de momento, no lo lograría

Fotos cedidas por el Ayuntamiento de Villarejo de Salvanés