51 años mirando por el descanso de sus clientes

En 1967 comienza su andadura la Colchonería Los Serrano en Orcasitas cerca del Hospital Doce de Octubre, era una tienda pequeña a pesar de que en ella trabajaban cuatro personas, y se encontraba situada en un barrio muy humilde. Hasta el año 1971 su dueño, Luis Serrano, no decide abrir la tienda en el Barrio de Las Margaritas de la localidad de Getafe, en ella trabajaban doce personas, puesto que era un negocio con cuatro almacenes abiertos, no solo se vendían colchones, sino que era también droguería, farmacia, galerías, tinte, se vendía también butano, se hacía el color de pintura que querían los clientes, entre otras muchas cosas, se podía encontrar bienes de todo tipo. “Era como una tienda de pueblo pero en Getafe, el producto que quisieras lo tenías y si no se buscaba”, comenta Luis.

La Colchonería
La tienda se encuentra situada en una zona en la que las personas que viven en ella tienen un poder adquisitivo bajo y además llegó un momento en el que comenzaron a surgir las grandes superficies, a vender todo tipo de productos, por este motivo “ya no podíamos competir con ellas a la hora de vender perfumes, tintes, etc., todo tipo de cosas que no fueran colchones”, explica el dueño. De esta manera decidieron mantener los colchones, ya que al principio solo tenían de espuma, de espuma picada, que era lo que más se vendía en aquella época, pero Luis dice “¡en qué hora no lo hice antes!, ya que con tan solo un cliente ya se ha hecho la operación del día”.

 

Rubén, hijo, hace unos años.

La evolución de los colchones ha sido enorme. En los inicios de esta tienda los colchones ya habían pasado de ser de lana a ser de espuma o espuma picada, ya que “era lo más barato y lo que más se vendía porque la gente no tenía mucho dinero, un kilo valía a lo mejor 50 pesetas, por lo que compraban varios y rellenaban la funda que tenían”, destaca el dueño de Los Serrano. Pero a la hora de levantarse una persona notaba que no estaba bien, se levantaba peor de lo que se había acostado, no como hoy en día, además ahora hay más variedad aunque sean más caros, tenemos los colchones Flex, los de muelles, y últimamente lo que más se vende son los colchones de viscoelástica, “es el producto que más compran las personas pero también porque nos dejamos influenciar por lo que digan, son los colchones que se adaptan a la forma del cuerpo, para el invierno es bueno, pero para verano no tanto, porque no te dura mucho si no tienes un protector en la cama”, dice Luis como buen vendedor explicando el producto que más nos conviene, y por último el colchón que viene envasado al vacío, es un producto bueno para poder transportarlo pero no tanto para utilizarlo.

Personalmente para nuestro protagonista Luis, el mejor colchón que hoy hay en venta es el de muelle, con un precio alrededor de los 300 euros, ya que es un colchón que va a durar mucho tiempo y bueno también para personas que tengan problemas de huesos.

La diferencia entre una gran empresa y el pequeño comercio de barrio está en la atención al cliente, una atención más cercana, dispuesta a dejar satisfecho al cliente, ya sea ayudándole con lo que necesite o bien llevando el colchón a su casa, “cosa que hoy no ocurre con las grandes marcas, tienes que pagar para que te lo lleven, y doy gracias porque la gente sigue viniendo y no nos faltan clientes, porque nosotros no despachamos, nosotros vendemos, no nos quedamos parados, no nos estancamos en algo, buscamos más”, recalca el dueño de la colchonería.

Anécdotas de una colchonería
Como en todos los comercios con tantos años a sus espaldas, hay tanta cercanía con el cliente que existen muchas historias detrás, por lo que La Colchonería Los Serrano no va a ser menos. Una de ellas es que la esposa de Luis era una de sus dependientas, se dedicaba a la venta del butano y después de tantos años trabajando juntos terminaron unidos personalmente hasta el día de hoy.
En cierta ocasión, había un señor que se acercaba a diario a la colchonería de Luis y se sentaba a leer el periódico con ellos, el señor Tomás, y un día de repente no apareció, esto era raro para ellos ya que pasó varios días sin aparecer por la tienda, por lo que el dueño se acercó por su casa y no le abrían la puerta, “gracias a que pasó una patrulla de la policía y pudieron entrar y allí estaba el Señor Tomás que llevaba cinco días tumbado y deshidratado, por lo que digamos que le salvé la vida”, recuerda nuestro protagonista.

Izq.: Familia de Luis Serrano en los inicios cuando sus hijos Rubén y Vanessa eran unos niños. Dcha.: otra fotografía de sus hijos ya crecidos con un amigo (c).

Hace unos quince años se dejaron una carpeta en la tienda, nos comenta Luis, la dejó en el comercio por si alguna persona iba a buscarla al día siguiente, pero esa misma noche, cuando el dueño de la tienda y su familia estaban en su casa, sobre las doce de la noche, llamaron a la puerta, eran dos personas, clientes suyos buscando la carpeta, por lo que “tuve que ir a la tienda a esas horas de la noche a devolverles la carpeta, ya que en ella se encontraba dinero que necesitaban para la mañana siguiente”, cuenta Luis. A este punto llega el trato con el cliente y miles de historias más que nos podría contar el dueño de la tienda, ya que son tantos años detrás del mostrador que se suceden muchas historias, tantas como para poder escribir un libro.

En cuanto al futuro de la tienda, Luis podría haberse jubilado ya pero decidió continuar un año más porque se encuentra en perfectas condiciones, pero cuando este año pase cree que si su hija Vanessa Serrano, periodista, no encuentra algo estable será la encargada de seguir con la tradición de la colchonería y seguir con el legado que Luis le deje, de esta manera podremos continuar disfrutando de la amabilidad, sabiduría y cercanía de los dueños de La Colchonería Los Serrano, donde hay mil historias que contar y colchones para descansar.

Texto: Icíar Muñoz
Fotos: Colchonería Los Serrano