Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Se inauguró el 19 de mayo de 1616 con la presencia de las más insignes personalidades de la época. De hecho, la familia real, con Felipe III a la cabeza, acudió a la ceremonia organizada por su valido, don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, y a la sazón señor de Valdemoro en aquellos tiempos. Precisamente, este fue el promotor de la construcción de este bello y sobrio monasterio que, a día de hoy, es uno de los edificios históricos más emblemáticos de la localidad y ejemplo destacable del barroco en la región de Madrid. Ese día, se trasladaron allí las monjas que, hasta ese momento, se alojaban en el hospital de San Andrés. Debió ser un gran acontecimiento, pues el traslado que inauguró el nuevo cenobio se realizó con todo boato por calles cubiertas de toldos, en una procesión encabezada por el rey, el Duque de Lerma y el Arzobispo de Toledo.

 

Aquel fue uno de esos días que quedan marcados en la historia de cualquier población y, por ello, en 2016, se aprovechó el cumplimiento del cuarto centenario del convento para, por un lado, elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural y, por otro, conmemorar la serena presencia de este lugar de recogimiento monacal a lo largo de la historia de Valdemoro, cuatro siglos en los que no ha sido ajeno, ni a la vida cotidiana del vecindario, ni a los acontecimientos más traumáticos de la historia de España, como la Guerra de Independencia contra los franceses o la Guerra Civil Española, cuando un obús cayó sobre la cubierta del templo causando importantes daños, que obligaron a una primera restauración en el año 1941. Gracias a otra restauración realizada en los años 70 del siglo XX, y a la que se ha realizado en los últimos años, el conjunto formado por el templo de la Encarnación y las dependencias del monasterio anejo de las Clarisas, es uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid.

Lado este del convento, con campanario y espadaña.

Por sus características estilísticas, se atribuye el diseño de este edificio al arquitecto Juan Gómez de Mora, autor de proyectos tan conocidos como la Casa de la Villa y la cárcel de la Corte madrileñas. Lo que sí se sabe con bastante certeza es que, en su construcción, participaron Pedro de Lizargárate, como aparejador, y fray Alberto de la Madre de Dios, como constructor.

El edificio más destacado del conjunto arquitectónico es la iglesia, que se encuentra integrada en el ala norte de las dependencias monacales. Destaca el estilo constructivo y la sobriedad del aparejo toledano de cajones de mampostería separados por franjas horizontales de ladrillo. La entrada principal se sitúa en la fachada meridional del edificio y presenta una elegante portada de caliza de estilo barroco rematada con la escultura de Santa Clara y flanqueada por dos escudos nobiliarios que representa a la Casa de Lerma. La planta de la iglesia es de cruz latina con una sola nave y dispone de cúpula sobre el crucero y coro alto con reja de clausura, a los pies de la nave principal. Esta se cubre con bóveda de cañón dividida en tres tramos mediante arcos fajones sustentados por pilastras con capiteles.

Se sabe que la iglesia contó con tres retablos de gran calidad, realizados al finalizar las obras, de los que actualmente sólo se conserva el retablo mayor, dedicado a la Encarnación, que cuenta todavía con dos lienzos de gran tamaño y cierto mérito artístico: La Encarnación, en la parte central, y El Calvario, en el ático; ambos atribuidos a la escuela madrileña del primer tercio del siglo XVII.

El Convento de clausura de las Clarisas de Valdemoro es actualmente una isla del pasado en pleno siglo XX y todavía, sus tapias y construcciones delimitan una extensión de casi cuatro hectáreas en el centro de la ciudad, un remanso que nos invita a la serena contemplación de la historia.

Izq.: Patio interior o claustro. Dcha.: retablo mayor de la iglesia con lienzos a la Encarnación y El Calvario. (Fotos: Cristina Carralón cedidas por el Ayuntamiento de Valdemoro)