La fortaleza data del siglo XIV

Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Al llegar a la villa de Torrejón de Velasco, el viajero observa el macizo castillo que se yergue actualmente en el centro del pequeño núcleo de población. Pese a situarse en llano y no ser una fortaleza de grandes dimensiones, la construcción muestra su imponente drama, quizá la tragedia que es el resultado de una historia silenciosa de progresiva ruina, de amputación, de heridas cosidas para evitar que, lo que fue grandeza, se desangre y se conserve el rastro del pasado, o sencillamente para enseñarnos que, la majestuosidad y el esplendor, son aves de paso y que, el tiempo, modela el rostro de las cosas con el implacable cincel de la decadencia y el olvido.

El viajero comprende en soledad que, en esa hora tardía, el silencio de las calles no es más que el silencio de la historia. Pero siente una imperiosa curiosidad. Siente por llenar un extraño vacío que, en el aire del presente, aspira a soportar suspendidas las palabras que cuenten lo que fue este castillo herido, su historia. Y así, rodeándolo lentamente, impregnándose de sus detalles y de su contraluz en el atardecer, el viajero busca. Busca darle cuerpo al pasado vencido, busca en sus muros cercenados y en su torre incompleta los trazos de otros tiempos. Busca también en su abandono.

Y encuentra. Finalmente, encuentra quien le cuente lo que el lenguaje de las piedras no es capaz de expresar. Y es otra torre derruida, otra torre con cuerpo de anciano bien vestido, sentado en un banco junto a la Iglesia de San Esteban, la que le invita a sentarse. De este modo, apartando el libro que tiene a su lado, le hace un gesto y, el viajero, sorprendido, se acomoda y se deja llevar, se deja contar. El viejo lo sabe, conoce la curiosidad y las preguntas en los ojos del viajero. Él también viene de sus lejanías y ha llegado al borde del olvido.

Verás, le dice, hay muchas sombras en torno al origen de este castillo y de este pueblo. Como tú, tampoco yo soy de aquí, pero sé, si no he leído mal, que la fundación de Torrejón de Velasco se remonta al siglo XIII, momento en el que Sancho IV dona estas tierras a un tal Sebastián Domingo. Pero parece, sin embargo, que el primero en iniciar las obras del castillo, ya en el siglo XIV, fue el obispo de Palencia Gutiérrez Gómez de Toledo, tío del primer Duque de Alba. Más tarde, en 1465, la fortaleza pasó a manos de Alvar Gómez, persona de confianza de Enrique IV, que finalmente cayó en desgracia por sus diferencias políticas con el rey, lo que supuso que éste mandase sitiar el castillo a Pedro Arias Dávila, señor de Puñonrostro. El asedio y posterior rendición hizo que la fortaleza pasase definitivamente a este señorío y que permaneciese así hasta la desamortización de 1830.

La pérdida progresiva de su sentido defensivo después de la Edad Media, lo llevó a ser utilizado, a lo largo del siglo XVI, como prisión de cortesanos que habían perdido el favor real. Su decadencia y su ruina progresiva se inician en el siglo XVII, hasta el punto de que, en 1775, se instaló una fábrica de jabones y una hilatura de lana. También, durante la Guerra de Independencia el castillo sufrió notables desperfectos a manos francesas. Te he visto rodear el castillo y si, como pienso, eres persona observadora, habrás advertido que la planta forma un rectángulo de 37 x 21 metros y también que son nueve las torres semicilíndricas que flanquean el recinto: una en cada esquina, dos en cada lado largo y una en el centro del flanco occidental. Como ves desde aquí, la gran torre del homenaje se eleva en el lateral oriental. Un castillo no muy grande, es cierto, pero con soluciones defensivas muy del tiempo en que, tal y como lo vemos, fue construido, cuando comenzaban a utilizarse las armas de fuego y la artillería, pues se estima que fue en torno a 1440 cuando adquirió su fisionomía definitiva.

Se hace tarde, amigo. Ha sido un placer contarte algunas cosas de este castillo. Lamentablemente, tengo que marchar. Espero haberte ayudado y haber puesto algo de luz en esta noche que ya nos arropa. ¿Volveremos a vernos?. Y el viajero se ha quedado pensativo, mirando como desaparece renqueante entre las sombras, camino de la historia, de su propia historia.

Fotos: Ayuntamiento de Torrejón de Velasco/Wikimedia