Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

La de Griñón es una de las pocas iglesias parroquiales que todavía mantienen el campo santo en sus inmediaciones. Cuando a finales del siglo XVIII, Carlos III promulgó la ley que obligó a sacar los cementerios a las afueras de los núcleos urbanos por motivos de salud pública, en Griñón no fue necesario dicho traslado porque la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción estaba ubicada a las afueras del caserío. Esto último, que no deja de ser también atípico, quizá tenga que ver con el hecho de que para su construcción, acometida en la primera mitad del siglo XVI, se aprovechase la existencia de una antigua ermita mudéjar de la que, todavía en la actualidad, se conservan partes integradas en la edificación actual, sobre todo en los muros de la nave principal y en el cuerpo bajo de la torre.

Inq.: Torre del templo parroquial. Dcha.: fachada oeste de la iglesia con las ventanas mudéjares.

Los paramentos de la Iglesia son de aparejo toledano, y combinan las cajas de piedra con hiladas de ladrillo, en los que se integran a la perfección los elementos mudéjares antes mencionados. Tiene planta basilical con una sola nave y cuatro capillas en el lado del evangelio. Dispone de un austero atrio porticado que, aunque construido en los años 40 del siglo XX y reconstruido en una rehabilitación de 1983, protege la entrada lateral del edificio, si bien la Iglesia cuenta con otra entrada en el piecero, sobre la que se encuentran algunos de los elementos mudéjares más interesantes, como una ventana con dos arcos geminados con alfiz. Al interior, la nave principal se encuentra cubierta por un destacable alfarje de madera de tradición mudéjar reforzado con tirantes. Como consecuencia de las numerosas restauraciones y rehabilitaciones realizadas a lo largo del último siglo, el templo se ha visto muy mermado en sus características primigenias, parcialmente recuperadas en la acertada restauración de los años 90 del siglo XX. Lo que fueron originalmente capillas, actualmente se encuentran destinadas a dependencias parroquiales, excepto una de ellas, la dedicada al Cristo Aparecido, presidida por una talla de unos trece centímetros que fue hallada casualmente a finales del siglo XVI y que se expone en un retablo del siglo XVII.

Otra de las capillas que hay que destacar, conocida como del Cristo, actualmente funciona como sacristía. En esta destaca la bóveda de crucería y hay que mencionar que contó con una cripta perteneciente a una importante familia de la localidad, si bien se encuentra clausurada desde el año 1893. El ábside de la Iglesia de la Asunción es poligonal y está reforzado al exterior por imponentes contrafuertes de ladrillo. Por el lado del evangelio, se adosa al ábside la torre campanario, construida en dos cuerpos, de los que el inferior presenta toscas ventanas geminadas con alfiz en tres de sus lados. El cuerpo superior, más moderno, presenta una ventana en cada uno de sus cuatro lados y está coronado por un chapitel de pizarra.

En el altar mayor se exhibe un gran retablo de finales del siglo XVII o principios del XVIII, decorado con motivos vegetales, que se atribuye a algún retablista de la escuela de Churriguera y que llama la atención por el color natural de la madera, lo que sugiere que es un retablo inacabado, al no estar dorado ni estofado.

Izq.: retablo del altar mayor. Centro: una capilla anterior a la reforma de los años 90. Dcha.: vista general del templo parroquial en los años 80. (Fotos: Wikimedia y Archivo del Ayuntamiento de Griñón).

En la actualidad, este retablo está decorado con diversas tallas y una pintura moderna en el centro, habiendo perdido gran parte de los ornamentos originales a lo largo de los años. La de Griñón es una Iglesia Parroquial que ha vivido y padecido los avatares de la historia. Desde aquella primitiva construcción mudéjar, pasando por el austero esplendor del siglo XVI y las sucesivas reformas y añadidos de los dos siglos posteriores, también ha sufrido los efectos adversos de las guerras y los intentos, no siempre afortunados, de recuperar su anterior belleza a lo largo del siglo XX. La de la Asunción es, como tantos edificios históricos, una superviviente, una iglesia que lleva en sus muros las heridas y las huellas del paso del tiempo, pero que se mantiene firme, bella y serena junto al lugar de descanso eterno de los vecinos de esta localidad del sur de la Comunidad de Madrid.