No podemos vivir sin ella. Está presente en el trabajo y en el hogar, en nuestras vidas. Es la energía, la energía que mueve a cada ciudadano. Pero a un coste que en las últimas semanas está siendo objeto de debate político en nuestro país. La tendencia alcista en el último año y las desigualdades a colectivos más vulnerables amén del aspecto ambiental pone en primera plana la viabilidad del actual sistema eléctrico en España y su practicidad para el consumidor final.

El sencillo acto de encender el interruptor de la luz, poner la lavadora o la calefacción en nuestros hogares se realiza de forma mecánica, en aras al confort de las sociedades modernas adquirido afortunadamente desde tiempos pretéritos, aunque para muchos consumidores llega a ser casi algo traumático cuando llega la factura de la electricidad o el coste por el consumo de gas de un frío invierno. Entonces surgen dos términos: ahorro y eficiencia energética, en boca de muchos ciudadanos que, guiados por los múltiples consejos que nos llegan de uno y otro sitio, apagan interruptores, cambian la iluminación por una de bajo consumo, desenchufan todo cuando no están en casa, bajan la temperatura de termostatos y calderas…

Sin embargo, no todo el mundo cree que sea suficiente con estos gestos y piensan que las medidas también deben venir desde arriba, desde la propia Administración Pública para aplicar unos impuestos más accesibles, acordes a un servicio básico y de primera necesidad como es la energía en el hogar. Esa es la opinión al menos de uno de nuestros encuestados, para el que un IVA del 21% en el recibo de la luz es demasiado elevado, sobre todo si se piensa en el colectivo de personas más vulnerables. Asimismo, es también censurable por el hecho de que otros servicios, como el cine, tienen un IVA reducido del 10% (muy bien aplicado por otra parte), pero, ¿qué ocurre entonces, la electricidad no se considera un bien básico?

La subida de la factura de la luz, con incrementos del 5% en el mes de septiembre, o del 35% en lo que va de año, ha centrado últimamente el discurso político y mediático con la aprobación de varias medidas como la ampliación del plazo para el bono social eléctrico o la intención de suprimir temporalmente el impuesto de electricidad. Iniciativas que son muy bienvenidas pero insuficientes para muchos ciudadanos que han visto en el último mes cómo sus facturas se incrementaban de forma considerable sin que el invierno haya asomado siquiera.

Redundando en ello, otro ciudadano consultado no se explica tampoco por qué hay que pagar alquileres de contador y otros servicios adicionales que aparecen religiosamente cada mes. Otros ciudadanos ponen todo de su parte para que el coste no sea tan excesivo poniendo los termostatos de calefacciones y aires acondicionados a temperaturas mínimas, cargando al completo la lavadora, secadora o lavavajillas o desconectando lo que no sea necesario. Diferente argumento ofrece otro de nuestros encuestados: “La inversión en aislamiento es el mejor ahorro, el gasto de energía hay que hacerlo para mantener un hogar cálido en invierno y fresco en verano, por lo que creo que es fundamental, más de lo que podríamos pensar, tener un buen aislamiento en la vivienda”. Y algo tiene de razón cuando está demostrado que mucha de la energía gastada para calentar o enfriar la vivienda se pierde a través de los cerramientos de nuestra casa. Un aspecto sobre el que volveremos más adelante.

Casi mil euros de gasto medio al año
El gasto anual en energía de un hogar medio en España es de 990 euros, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Por servicios, el 85 por ciento del consumo se lo reparten la calefacción (47%), los electrodomésticos (19,4%) y el agua caliente sanitaria (18,9%). En cuanto a la electricidad, el gasto medio por hogar es de 3.487 kWh; más de la mitad lo consumen los electrodomésticos (principalmente el frigorífico y la lavadora) y el resto se lo reparten la iluminación, la cocina, el agua caliente, la calefacción, el standby de los electrodomésticos y la refrigeración.

Con tanta cifra y, sobre todo, tantos euros que debe desembolsar el ciudadano, desde hace unos años se ha instalado entre nosotros la cultura de la eficiencia y el ahorro. Pero ¿qué es la eficiencia energética? Un profesor universitario de Ingeniería Civil y de la Edificación nos lo aclara: la eficiencia energética de un edificio es la relación entre la energía que se demanda y el rendimiento de los equipos que proporcionan los diferentes servicios de calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria, iluminación, etc. Esta se calcula teniendo en cuenta las emisiones anuales de CO2 y el consumo anual de energía primaria no renovable (gas, petróleo, carbón, energía atómica, hidráulica…), asignando así unos indicadores que van desde la A a la G, siendo la primera la de mayor eficiencia.

En opinión del profesor, un edificio o vivienda es más eficiente cuanta menos energía necesite; si baja el consumo y crece el rendimiento de los equipos, se mejorará la eficiencia. Es en este apartado donde radica la importancia de las energías renovables pues ellas reducen el consumo de otros combustibles de origen fósil (derivados del petróleo, gas o carbón), de mayor impacto ambiental por emisiones de dióxido de carbono y coste de producción.

Mejor aislamiento de los cerramientos
Otra mejora de la eficiencia energética apuntada desde el departamento universitario de Ingeniería Civil se consigue con la reducción de las pérdidas de calor en invierno o las ganancias de calor en verano a través de lo que técnicamente se conoce como la envolvente. Se trata de mejorar el nivel de aislamiento de los cerramientos (suelos, paredes y techos), el empleo de carpinterías para puertas y ventanas de calidad, cristales dobles o triples con reducida transmisión de calor, de bajo factor solar; uso de toldos…

A este respecto, la Asociación de Instaladores de Aislamiento de España (AISLA) advierte que una mejora del aislamiento térmico puede reducir hasta en un 80% las pérdidas de energía con el consiguiente ahorro en la factura, además de otros beneficios como el confort, la eliminación de humedades, el mejor aislamiento acústico y calificación energética y, con ello, la revalorización de la vivienda. Las actuaciones más frecuentes son el relleno de la cámara de aire (con lana mineral, celulosa, poliuretano o perlas de EPS), que no requiere de licencia de obras y tiene un coste medio de entre 10 y 20 euros por metro cuadrado, con una recuperación de la inversión de entre 2 y 5 años. También se realiza el aislamiento por el exterior, muy eficaz, se realiza con planchas de EPS, XPS o lana mineral con un coste de entre 40 y 60 euros por m2 y un retorno de inversión de entre 5 y 10 años. En tercer lugar, en cubierta, añaden, es fácil incorporar aislamiento, no hay limitaciones al espesor con soluciones de todo tipo y una inversión de entre 10 y 20 euros/m2. Por último, hablan de la necesidad de contar con un buen instalador de aislamiento, que conozca todas las soluciones.

Las energías renovables
Para un responsable político en materia de Energía, la eficiencia se basa en el menor consumo de energías de origen fósil y la consecuente reducción de emisiones de dióxido de carbono, “la energía más eficiente en el hogar es la que proviene de un origen renovable”. La más eficiente, y también la más barata, pues el coste de generación de electricidad de las renovables para consumo doméstico o industrial es menor al de las fósiles. No obstante, fuentes de la compañía Naturgy explican que la disponibilidad de energías renovables es limitada, ya que no siempre hace sol, tenemos viento o llueve, de ahí la necesidad de contar con otras energías que sirvan de respaldo.

Las más utilizadas y extendidas en el ámbito doméstico son la energía solar fotovoltaica para la producción de electricidad, la solar térmica para el agua caliente sanitaria (ACS), la biomasa para calefacción y ACS, y las bombas de calor. La geotermia (bombas de calor agua-agua o agua-aire, con un intercambiador enterrado en el suelo); y la aerotermia, donde se están realizando proyectos de calefacción centralizada, son otras opciones disponibles, indica Joaquín Fuentes.

La mejora de la tecnología y el descenso de costes en las instalaciones de paneles fotovoltaicos han contribuido a su proliferación, aunque se haya visto frenada por ese impuesto al sol o peaje que aplicó el anterior Gobierno y que aún sigue vigente. Asimismo, desde 2006 cuando entró en vigor el Código Técnico de la Edificación es frecuente ver captadores de energía solar térmica en las cubiertas de bloques de viviendas.

La biomasa, por su parte, explica el ingeniero de Edificación consultado por Ayer&hoy, está teniendo una implantación muy importante en instalaciones individuales para calefacción y ACS por el bajo coste del combustible (pellets, briquetas, astillas…) aunque es preciso tener en cuenta el elevado precio de calderas o estufas, el espacio para el almacenamiento de combustible, la limpieza y mantenimiento.

En cualquier caso, el profesor informa de que lo primero a tener en cuenta por el propietario de una vivienda o una comunidad de vecinos es el asesoramiento de profesionales especializados para ver la viabilidad de cada sistema o instalación. “No todas las renovables se pueden instalar en bloques de viviendas por su elevada potencia, su gran extensión de captadores, el volumen de acumulación o la propia climatología con pocas horas de sol en invierno”. Agrega además la compleja y costosa tecnología de estas instalaciones, “no son energías fáciles de aprovechar, al contrario de lo que se piensa, son proyectos complejos que precisan conocimientos muy especializados y equipos de buena calidad”.

¿Cómo abaratar el precio de la luz?
El final del verano y comienzo de otoño ha pillado a muchos con la mala noticia de la subida de la luz. Con poco dinero en los bolsillos tras el regreso de las vacaciones, muchos se han visto sorprendidos por el alza en la factura de la electricidad de su hogar siendo conscientes además del largo invierno que viene. Pero son muchos los factores que afectan al precio, desgranemos uno a uno paso a paso.

Según Red Eléctrica Española, las fuentes que suministran electricidad proceden en su mayor parte de la energía nuclear, la eólica, el carbón, el ciclo combinado y la cogeneración. Estas dos últimas, observa el profesor, suponen el 25% de la generación eléctrica en España, que están sujetas a variaciones del precio del petróleo y/o del gas natural. Es en este aspecto donde se producen las fluctuaciones del precio finalista que llega al consumidor. Según explica el responsable de Energía, el comercio o pool de la energía en España es uno de los más complejos de Europa, basado en un mercado marginalista en el que “las últimas energías entrantes en esa subasta diaria donde venden las grandes compañías y compran las suministradoras suelen ser las de origen fósil, que marcan y definen el resto de las tecnologías y están sujetas a variaciones del mercado global”. A su juicio, es injusto meter a todas en el mismo saco cuando además el gas, petróleo o carbón tienen unos costes variables más elevados (lo que cuesta producir la electricidad con esta tecnología) que las renovables o la hidráulica. Para el experto, es importante legislar unas nuevas directrices en torno a la electricidad, “tenemos un sistema antiguo, las renovables han cobrado un protagonismo que antes no tenían (el porcentaje de energía eléctrica con renovables se sitúa en torno al 32%) y en el futuro seguirán creciendo”. Un futuro en el que se plantea el caso de que cuando todo el mix energético del hogar sea de origen renovable, la factura se reducirá en un 30%.

Tarifas y costes fijos
En la actualidad existen dos tarifas, la PVPC (Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor) y la de mercado libre. Fuentes de Naturgy indican que la primera es la de los clientes del mercado eléctrico regulado donde el precio de la energía cambia según la oferta y la demanda, por lo que pagas más si consumes en las horas más caras y menos en las menos caras, que suelen variar. En la tarifa libre existe un precio establecido por contrato y se sabe cuál es el coste de cada kWh consumido. En este aspecto, desde Esitec Energía se indica que la mejor tarifa sería la de PVPC con discriminación horaria.

Otro factor a tener en cuenta en la factura es el pago de un 40% de costes regulados, “son fijos, regulados por la Administración Pública y no se pueden eliminar aunque se cambie de compañía”, explica el profesor universitario. Existe otro 35% que es el consumo propiamente dicho, afectado por el precio de las energías primarias que las compañías compran para generar electricidad; y el último 25% son impuestos como el IVA y el impuesto de electricidad. Es decir, el 65% son costes fijos que dejan poco margen de maniobra para reducir costes. Estos términos son la potencia contratada, el impuesto de electricidad, el alquiler de equipos de medida y control, y el IVA.

Desde Naturgy indican que el concepto del alquiler está establecido por el Ministerio competente, con un coste de instalación y mantenimiento que ha asumido previamente la compañía. En cuanto a la potencia, añaden, se trata de un precio fijo que resulta de tener disponible en todo momento la potencia contratada, independientemente de si consumimos o no. En este apartado se puede producir un ahorro importante si reducimos la potencia simultánea contratada cambiando las pautas de utilización de los aparatos eléctricos, es decir, no poniendo todos a funcionar al mismo tiempo. Compañías como Naturgy recomiendan incluso ajustar la potencia al consumo, calculándolo a través de su herramienta ‘Recomendador de potencia’ disponible en www.naturgy.es. Para el político versado en materia de energía, por el contrario, potencia y consumo deberían ir unidos en un mismo concepto porque con la división actual no se cumple el parámetro de ‘el que más consume, más paga’ por un término fijo, en su opinión, algo abusivo.

Impuestos
Es decisión política la modificación o rebaja del impuesto de electricidad y el IVA del 21% que aparece en nuestra factura de cada mes. En este sentido, ha habido novedades en septiembre con el anuncio de la suspensión temporal del impuesto de generación de electricidad, asunto pendiente de aprobación, beneficiando a los colectivos más vulnerables. En cuanto al IVA son muchas las voces y algunas comunidades autónomas las que han propuesto un IVA reducido del 10% a aplicar en relación a la situación económica de cada individuo, “algo más justo teniendo en cuenta que la energía eléctrica es un bien de necesidad, como el suministro de agua corriente o la cesta básica de alimentos”, comenta el político. No obstante, la ministra del área, Teresa Ribera, ha explicado el pasado mes en el Congreso que el IVA es un impuesto propio de la Unión Europea, no partidaria de fraccionar los tipos de IVA por consumidores.

Medidas de ahorro
Las diferentes fuentes consultadas apuntan en la misma dirección en las medidas a tomar para ahorrar energía en el hogar, no solo para pagar menos a fin de mes sino también por cuestiones ambientales, de reducción de emisiones de dióxido de carbono.

El responsable energético sí que precisa, en esta línea, dos aspectos originales: “exigir a las compañías comercializadoras que el origen de tu energía doméstica, la de tu hogar, sea renovable, ya existen cooperativas dadas de alta como comercializadoras que suministran energía verde al 100% y grandes compañías con un porcentaje importante de renovables; además te lo certifica la CNMT, aunque solo seamos uno pero puede animar al resto de ciudadanos a solicitarlo”. En segundo lugar, plantea como otra opción interesante la producción de tu propia energía eléctrica o autoconsumo, “el impuesto al sol de finales de 2015 se va a cambiar, la factura saldría más barata y renovable 100%, con el beneficio medioambiental que supone, amén de la amortización de los equipos en un periodo de 5 a 10 años”.

En referencia a los gestos para evitar un mayor consumo, muchos están a nuestro alcance para conseguir un ahorro anual efectivo. Con las calefacciones, por ejemplo, es conveniente no superar los 21 grados, instalar válvulas termostáticas o hacer un mantenimiento adecuado de la caldera. En agua caliente sanitaria, es importante usar sistemas de acumulación más que de producción instantánea, un buen aislamiento de las tuberías de distribución, racionalizar el consumo de agua, no poner más de 35 grados en la caldera para la ducha, doble sistema de pulsador en la cisterna…

Con los electrodomésticos, apaga el ordenador si existe una ausencia de más de 30 minutos, o apaga la pantalla, que consume más. Apaga del todo televisores, consolas, equipos de música, cargadores…, tenerlos encendidos en modo espera o standby consume hasta un 15% de la energía; en la lavadora lava a agua fría o 30 grados, pues el 80% de la energía que consume se usa para calentar el agua; si vas a usar la secadora, centrifuga antes la ropa al máximo, pues el secado consume más energía. Pon la carga máxima en ambos electrodomésticos igual que en el lavavajillas. En la cocina, la olla a presión o el microondas ahorra energía y mejor placas de inducción que vitrocerámicas normales. Si vas a adquirir un electrodoméstico nuevo, mejor el que tenga la etiqueta A+++…, es más eficiente y necesita menos potencia. En iluminación ya se han prohibido las bombillas incandescentes o tradicionales, por lo que utiliza bombillas de bajo consumo o led.

Estos pequeños trucos son vitales para tener un menor consumo y romper el impacto global de una tendencia al alza en el consumo de energía. El IDAE habla de que el consumo podría duplicarse en 35 años de seguir el ritmo actual, por lo que desde la Universidad advierten de que, además del empleo de renovables, es importante concienciar más al ciudadano y a los sectores agrario, industrial y de transporte de las consecuencias negativas de este aumento. Ya la UE ha marcado el objetivo 2020, que está a la vuelta de la esquina, de una reducción del 20% en el consumo de energía, de emisiones y de uso de renovables. En todos nosotros está el conseguirlo.

Texto: Oliva Carretero
Fotos: Pixabay