Declarada bien de interés cultural

Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Las plazas mayores son corazón palpitante de la vida de las poblaciones, en ellas desaguan su fluir las calles del caserío y, desde ellas, se redistribuye enriquecido el caudal de la cotidianidad colectiva hacia las afueras. En las plazas se remansa, como en un lago interior, la actividad colectiva del vecindario, lo que a todos atañe, la administración política, el sentir religioso, el palpitar festivo en fechas especiales, los grandes eventos, el afanoso intercambio comercial o el encuentro lúdico de los que buscan conversación y ocio en compañía. Buena parte de la identidad y la memoria de los pueblos se va depositando, como un sedimento, en sus plazas, hasta el punto de que, en su fisionomía, se transmiten los rasgos de una personalidad colectiva forjada por el discurrir de la historia. En algunas plazas, además, el pintoresquismo de lo popular y todo lo que en él se amalgama, generan espacios de gran belleza en los que estética e historia se alían para transportarnos a una experiencia única. Este es el caso de la Plaza Mayor de Navalcarnero, también conocida como Plaza de Segovia.

Delimitada por construcciones de diferentes épocas, algunos de los edificios que conforman esta plaza debieron construirse en el siglo XVI, en el cruce de las dos vías más importantes que atravesaban el caserío: de Norte a Sur, a través de las calles Libertad y Real, y de Este a Oeste, a través de las calles Constitución y Jacinto González, que fueron parte, desde el siglo XVIII, del Camino Real de Extremadura. Es, por tanto, el cruce de caminos y de calles principales el que dota de sentido a esta plaza, que tiene, además, el encanto de los espacios donde la irregularidad y la asimetría se convierte en elemento estético por derecho propio. Y es que, de la Plaza Mayor, destaca su planta irregular, pero también el amplio espacio que delimitan sus edificios, con sus bellas estructuras porticadas en tres de sus cuatro lados que la convierten en un ejemplo único de arquitectura popular castellana.

En Navalcarnero, la plaza principal es también un palimpsesto develado, porque del manuscrito caótico de su evolución, escrito en sus fachadas, se ha ido entresacando la historia de su antigua fisionomía. Una cuidada y rigurosa rehabilitación realizada en el año 2000, mereció el Premio Europa Nostra. Y es que, los estudios realizados con motivo de dicha rehabilitación revelaron, entre otros aspectos, que los tratamientos superficiales y ornamentales de los edificios de la Plaza habían variado a lo largo de sus cuatro siglos de existencia, adaptándose a los gustos de cada etapa histórica, lo que permitió acometer el acabado actual de las fachadas con un mayor rigor histórico.
Como ya hemos apuntado al principio, la plaza reúne todos los aspectos propios de un espacio público central, de modo que la mayor parte de los edificios que la constituían cumplían funciones comunales: el ayuntamiento, la cárcel, la Casa de las Carnicerías y la Casa de Pastelería. En el siglo XVIII, también se ubicaban en este recinto el Hospital de Pobres Viandantes y el Mesón de las Ánimas. Servicios todos que configuraban los aspectos estratégicos en la vida colectiva de Navalcarnero y a los que se sumaba, cerca de la Plaza, aunque fuera de su recinto, la tienda de abacería para venta de aceite, vinagre, pescado seco y otros productos básicos, así como el antiguo Pósito, almacén para el grano para garantizar el abastecimiento a los vecinos.

La Plaza ha concitado también la celebración de tradicionales eventos festivos, entre los que destacan las corridas de toros y los actos religiosos, dada la inmediatez de la Iglesia Parroquial y de la ermita de la Veracruz. La fuerte personalidad de esta Plaza, unida a su importancia histórica, resaltada aún más por la restauración realizada en el año 2000, ha llevado a su declaración como Bien de Interés Cultural en el año 2000 con la categoría de Conjunto Histórico.

Algunas fotos de la plaza Mayor, también conocida como plaza de Segovia, declarada Bien de Interés Cultural en el año 2000. (Fotos cedidas por el Ayuntamiento de Navalcarnero)