Siempre en manos de profesionales

Una casa transmite sensaciones y emociones. Por eso es importante cuidar y mimar cada rincón del hogar. “Con este libro podrás darle personalidad a tu vivienda”. Este es uno más de los miles de mensajes que recibimos constantemente incitándonos al cambio. Mensajes que pueden ir dirigidos a la realización de viajes (especialmente si es época de vacaciones), al aprendizaje de idiomas (si el curso está a punto de empezar), a visitar un nuevo restaurante (para probar nuevas sensaciones), cambiar de televisión (para no quedarnos atrás) o a renovar nuestro hogar (coincidiendo con el buen tiempo o la celebración de cualquier feria del mueble). Son consejos totalmente “desinteresados” e, incluso, a veces, auténticas órdenes, ante las que nuestro espíritu consumista obedece a ojos cerrados. O no tanto.

Decía Renueva tu hogar es el contenido de este reportaje y el motivo de su publicación podría ser que abril sea un mes muy adecuado para realizar reformas, tanto por el buen tiempo climático como porque muchas familias aprovechan las vacaciones de Semana Santa para dar un nuevo aire a su vivienda. Pero ¿es necesario, o casi obligatorio, este cambio? ¿Quién lo hace y por qué? Veamos.

Al parecer ni es algo obligatorio ni todo el mundo lo hace. O, tal vez sí sea obligatorio, pero no en este momento ni, tal vez, todo el mundo pueda hacerlo. Es lo que se desprende de las diversas opiniones que hemos recabado. Por ejemplo, María, una funcionaria que no cree que sea necesario hacerlo cada cierto tiempo y que, si se hace, debe ser más que por necesidades estéticas por motivos funcionales, prácticos. De ahí que no cambie su hogar con frecuencia y lleve varios años sin tocar nada.

Sin embargo no es el caso de Javier, un profesor que, curiosamente, opina todo lo contrario. “Creo que debe renovarse el hogar por lo menos una vez al año. Aunque solo sea cambiar muebles de sitio y tener la posibilidad de crear espacios nuevos. Y esto debe hacerse, como mínimo, por la propia salud mental de cada uno. Reorganizar la casa es reorganizarnos nosotros mismos a nivel psicológico. Puede ser en el paso que se da del verano al invierno y al revés. Los cambios no tienen por qué ser en profundidad, basta con que sean superficiales. Con cambiar un mueble de sitio y trasladar una estantería, ya hay cambio suficiente. Esto implica por sí mismo una modificación de la conducta. Y por supuesto no tiene nada que ver con el dinero. Personalmente cambio cada año, como mínimo una habitación, aunque solo sea trasladando los muebles de una a otra”.

Pero como podemos ver en esta opinión, aparentemente tan segura, se nos abren dos grietas que nos llevan a la duda. La primera es esa sociedad de consumo que nos obliga a cambiar sin que nosotros lo decidamos realmente, con lo que ya no es una decisión propia (el ejercicio de la propia libertad para decidir sobre nuestro hogar y su sana distribución) sino algo que se nos impone desde fuera negándonos precisamente esa libertad y haciéndonos caminar por la señalada senda de los corderitos en rebaño. Y la segunda es el dinero. Se cambia si se tiene dinero. Si no, la cosa suele complicarse. Así se manifiesta Mary Paz, una dependienta que sabe muy bien lo que cuestan las cosas. “Creo que depende del dinero que se tenga. Si uno se lo puede permitir me parece muy bien que se cambie cada cierto tiempo. Pero también con los mismos muebles y unos cuantos complementos, con apenas gasto, se puede modificar la decoración y el aspecto total de la casa”.
En fin, que tal vez la virtud esté en el sentido común, como muy bien lo manifiesta Deyanira, una médico que se toma estas cosas como si fuese el diagnóstico de una enfermedad grave pero nunca mortal.

Resumiendo, que lo de renovar el hogar va tanto en gustos como en necesidades. En cuanto a las modas hay quien opina que lo mejor es comprar un mobiliario que no se pase de moda. Así se evita tener que cambiarlos por ese motivo. Y para aquellos que les guste la renovación se aconseja cambiar complementos fáciles, sencillos, antes que tener que sustituir los muebles. Con estas pequeñas modificaciones se da una alegría a la casa, ya sea con unos cojines de colores o unas plantas, dejando las grandes reformas para cuando haya verdadera necesidad, no por gustos personales.

Pero vamos a suponer que hemos decidido hacer la reforma, ya sea relativamente pequeña como cambiar el cuarto de baño, o mayor, en profundidad de la vivienda, ¿quién la hace?
El diario Expansión publicaba una información en la que, entre otras muchas cosas, se decía que “en España, el parque de viviendas envejece a un ritmo del 2% anual, haciendo que las reformas sean la opción preferida en lugar de la construcción de obra nueva. En concreto, el 64% de los españoles recurre al hazlo tú mismo como vía de ahorro para mejorar sus viviendas”, según los datos de la European Federation of DIY Manufactures. Así, los arreglos hechos por los propios hogares mueven unos 1.000 millones de euros al año, el 6,3% del gasto total de las familias en materiales de construcción y equipamiento. Ante esto, la Asociación de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac) ha lanzado un mensaje de advertencia: hay reformas en las que, como afirma el dicho popular, lo barato sale caro.

En definitiva, que nada como ponernos en manos de un profesional si queremos que la obra salga bien y, además, no excesivamente cara.

En manos del profesional.- Según manifiesta a Ayer&hoy María Encarnación Mena, presidenta de un Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores, “el tiempo no existe. Ni tampoco las modas. La decoración es atemporal y en este momento estamos viviendo un volver a empezar y en esta situación todo nos vale. Este punto es muy importante y me gustaría que todo aquel que está leyendo este reportaje se plantee seriamente qué es lo que habitualmente le están vendiendo como decoración”.

No quiere esto decir, apunta María Encarnación, que los productos que en este momento están en el mercado sean malos, al contrario, se están consiguiendo las mejores calidades de todos los tiempos, ni que las distintas tendencias sean una tomadura de pelo, sino que estas ofertas que nos presenta el mercado necesitan un alto poder económico y debemos encontrar productos a la medida del consumidor medio. Y aquí es donde entra el profesional de la decoración, el cual sabe moverse como pez en el agua entre tanta oferta, moda y tendencia, aportando sus conocimientos para poner en la tierra esas decoraciones que parecen destinadas al cielo. “Nosotros conocemos los canales y los caminos para llegar al mejor precio.

Es verdad que algunas veces los clientes no se dejan guiar, o utilizar profesionales que les recomienda el decorador, porque tienen conocidos, muchas veces el socorrido cuñado que todo lo sabe, y en ese caso poco podemos hacer”, afirma Encarnación. La realidad es que, bien por desconocimiento, o bien porque se considera que el decorador es muy caro, muchas personas no acuden a este profesional para realizar el cambio en su hogar, error del que suelen darse cuenta cuando, una vez terminado el trabajo, comprueban que un presupuesto que ellos habían manejado se ha triplicado, con el agravante, a veces, de que el resultado final tampoco les satisface.

Ajustarse a un presupuesto.- “Nuestra baza fundamental es la economía. Y siempre nos ajustamos a lo que el cliente se quiere gastar. Como controlamos a todos nuestros proveedores siempre controlamos el precio. Sabemos hasta dónde podemos llegar y el cliente sabe también cuál va a ser el resultado final justo con su presupuesto. Y si con este no conseguimos lo que el cliente desea, no seguimos adelante”, comenta la presidenta de los decoradores. “Lo que al final siempre nos suelen decir los clientes es que no se han gastado más de lo que se proponían y que si lo han hecho, siempre ha sido de forma consciente, nunca por gastos incontrolados” comenta Encarnación.

Es verdad que muchos clientes saben muy bien lo que desean comprar pero, al meterse en un mundo mucho más complejo de lo que desde fuera se pueda suponer, terminan cometiendo errores de bulto. A veces puede parecer que quedan satisfechos, pero la realidad no es así. “Su ego queda satisfecho, pero saben que no han llegado a donde deberían llegar. En el fondo saben que no era eso lo que querían. Muchas veces se toman decisiones unilaterales en situaciones en las que son varias personas las que deberían haber decidido. Pasa con frecuencia en los matrimonios cuando es solo uno de los dos el que decide los cambios. Al final el otro queda decepcionado y lo acepta porque no le queda más remedio, pero el objetivo principal del cambio, que es lograr el bienestar de todos, no se consigue. No se puede decidir la decoración de un hogar anulando a varias partes. Y esto es algo con lo que me encuentro con mucha frecuencia”, confiesa Encarnación.


Otro de los puntos de discusión sobre los cambios en el hogar es si son las mujeres las que deciden. Existe la creencia de que al ser ellas las que más están en casa son las que determinan su organización y decoración. Y sin embargo por la experiencia que Encarnación tiene no es así. Lo ideal es, siempre desde el punto de vista del decorador profesional, que sean los propios interesados los que opinen. Por eso para cada habitación se hará, más o menos, lo que diga quien la vaya a usar, tomando en cuenta al grupo en lugares de uso más común, como el salón o la cocina, puesto que estos sitios son los que más se comparten. Eso sí, no se puede decidir nada si no se aporta información a todos los miembros interesados.

Otro aspecto muy importante, que debemos tener en cuenta en el mundo de la decoración, son los grandes cambios ocurridos en los últimos cinco años como consecuencia del enorme crack económico. Y este cambio consiste en que la vivienda habitual se está convirtiendo en lugar de trabajo. Trasladamos la oficina al propio hogar con lo que ello conlleva de permanencia constante en el mismo ambiente y las mismas personas prescindiendo de las relaciones que, antes, se desarrollaban en el lugar tradicional laboral. ¿Cómo adecuamos nuestra casa para que no nos agobie? Porque ahora estamos viendo sus paredes las 24 horas del día. Este reto solo se puede superar de una forma que podríamos definir como “sana” a través de los profesionales de la decoración, de los creadores de espacios acogedores, ya que estos se están reduciendo de forma continua, se invaden los del otro miembro de la familia y los enfrentamientos están a la orden del día. Es lo que normalmente conocemos como “marcar territorio”. Y este es el reto actual. De los profesionales creadores de espacios y de los propios usuarios de los mismos que deben prepararse para un futuro que nada tiene que ver con lo que durante siglos ha sido lo normal.

Pero, ¿cuánta gente de la calle acude hoy a un decorador? Lo habitual es que quienes acudan hoy a un profesional de la decoración sean personas con un nivel económico, y cultural, medio alto y que saben muy bien lo que quieren. A la vez son exigentes con el trabajo de los profesionales. Pero esto ocurre en los últimos tiempos, ya que antes de la crisis, cuando el dinero se movía con gran fluidez, no estaba tan encasillado el cliente como ahora. Sobre todo en el montaje de locales donde desarrollar un pequeño negocio, caso de bares, peluquerías o tiendas en general. Hoy día eso ha desaparecido y la decoración profesional se ha refugiado en la élite económica y cultural.

Internet también se ha convertido en fuente de inspiración para muchos particulares que, por su cuenta y riesgo, deciden montar estos locales, o modificar su hogar, tomando de acá y de allá, con unos resultados que satisfacen su ego pero que en la mayoría de las veces no cumplen las normas elementales de lo que sería un trabajo correcto y, mucho menos, excelente. Al fin y al cabo nos limitamos a poner lo que otros han puesto y lo de los demás no tiene por qué ser lo que nos conviene a nosotros.

En definitiva, nos encontramos en un momento de importantes cambios sociales y esto también está afectando al propio hogar, a su decoración, remodelación y adaptación a lo que cada cual pide del mismo.

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Haus juvenil no solo se trata de una empresa donde se vende mobiliario de hogar y colchonería. Se trata de una empresa que transmite su naturalidad y su modernidad a través de sus productos, pero sobre todo a través de su atención personalizada al cliente. Si se tiene en mente la idea de cambiar la decoración del hogar, o reformar algún espacio, en Haus juvenil, apoyándose en las medidas que sean necesarias, elaboran un proyecto personalizado para poder aprovechar al máximo tu espacio. Haus Juvenil sigue la filosofía de hacer las cosas lo mejor posible; sigue el método de acompañamiento de principio a fin. Desde que un cliente compra o adquiere un mueble, hasta su montaje y postmontaje para que quede totalmente satisfecho. Una vez que se adquiere un producto en Haus Juvenil, se aseguran de que después de instalado y montado, quede como habías deseado en un primer momento. No solo existe una venta, sino también un seguimiento. (Texto: R. Martín)

 

Texto: Ayer&hoy Fotos: Pixabay