Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Corre el siglo III d.C. como discurre por un tramo del Manzanares el agua que, siendo siempre igual, nunca es la misma. Y junto a uno de los meandros del río, en una planicie apenas elevada sobre el nivel del cauce, se remansa lentamente el caudal de la historia, una estampa dominical y campestre de época romana, en un siglo que augura cambios traumáticos hacia el futuro, pero en el que todavía se deja sentir la tranquilidad que la poderosa y lejana maquinaria militar romana dispensa a los vastos territorios de un imperio que se extiende por tres continentes. Pero ahora estamos en el centro de Hispania, en un territorio cuyos habitantes han olvidado casi por completo su pasado indígena y se sienten parte de un mundo de ciudades, grandes infraestructuras y lengua latina.

Posiblemente Titulcia, o quién sabe si Complutum, eslabones del poder de Roma, son las urbes que extienden sus tentáculos administrativos hasta este territorio en el que, precisamente ahora, comienza a despuntar un nuevo día. Un territorio alejado de la ciudad, en los confines de su ámbito de influencia, con campos de cultivo que se alternan con algunas masas de bosques de encinas y surcado por un rio que añade una franja de vegetación de rivera al paisaje, con algunos huertos próximos a la principal construcción que destaca en el entorno: la villa.

Como todos los años, justo después de finalizar el verano, los campos de cereal trabajosamente cosechados están vacíos, y han cedido su protagonismo a los viñedos, donde se vendimia bajo la atenta mirada del capataz. Son pocos días los que dura esta tarea, que ahora concentra casi todas las manos y la resta a otras actividades como las ganaderas o al propio alfar que se encuentra en la villa, aunque sin descuidar las tareas domésticas en la propia casa del señor.

Todo parece muy bucólico a primera hora, la gran casa donde vive la familia del dominus está despertando, pero para los siervos y trabajadores la jornada ha comenzado mucho antes y la vida no es nada fácil.

Estos vestigios son uno de los pocos ejemplos excavados de villa señorial romana en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, los restos descubiertos, salvo las excavaciones de los años 70 y 80, permanecieron abandonados hasta 2016, cuando se han vuelto a realizar nuevas intervenciones. Fotos: Martín Sánchez.

La villa es una auténtica unidad productiva, casi autónoma, en la que se integra la lujosa residencia de los señores con las construcciones más modestas y funcionales de un entorno centrado en lo productivo, casas modestas para los siervos, corrales, huertos y otros espacios para diversos usos. La casa principal, dotada de todos los lujos, muestra un aspecto austero hacia el exterior, y el lujo y el confort se vuelcan hacia el interior y se articula en torno a un gran patio porticado o peristilo al que se abren todas las habitaciones, incluso la sala principal donde se ubica el triclinium o comedor, una sala rematada por un ábside. Esta sala es la expresión interior del lujo y un ámbito de pleitesía para el señor, que expresa en este entorno escenográfico todo su poder. Visitas de protocolo, asuntos administrativos y gestiones diversas, así como la recepción de personas dependientes y sirvientes que reconocen la supremacía económica y la autoridad moral del propietario.

Este semblante de algunos aspectos en la vida de una villa romana en el centro de la Península Ibérica en el siglo III, es el que podríamos imaginar para la villa de La Torrecilla, cuyos restos se sitúan en el extremo oriental del actual término municipal de Getafe.

A día de hoy, estos vestigios son uno de los pocos ejemplos excavados de villa señorial de época romana en la Comunidad de Madrid y si bien, desde que se realizaron las excavaciones arqueológicas entre finales de los años 70 y los primeros años de los 80 del siglo XX, los restos descubiertos no recibieron ninguna atención y permanecieron abandonados, en 2016 se han vuelto a realizar nuevas intervenciones que esperemos deriven en un mejor conocimiento y en la puesta en valor de este importante enclave getafense.