Dra. Beatriz Rodríguez Jiménez. Jefa de Sección de Alergología del Hospital Universitario de Getafe

La alergia alimentaria es una reacción del sistema inmunitario que ocurre tras la exposición a un determinado alimento. Se caracteriza por la aparición de síntomas durante las dos horas siguientes de la ingesta del alimento implicado, pudiendo presentar clínica digestiva, a nivel cutáneo como la urticaria, o síntomas en el aparato respiratorio. En algunos pacientes, la alergia a alimentos puede ocasionar reacciones más graves que comprometan la vida del paciente, es lo que se denomina anafilaxia. El ejercicio físico, el alcohol o la toma de antiinflamatorios no esteroideos son algunos de los factores que pueden favorecer la aparición de reacciones más graves.

Hay que distinguir entre una alergia alimentaria y una intolerancia, puesto que son entidades distintas: las intolerancias alimentarias no son debidas a mecanismos inmunológicos, sino por alteraciones en la digestión o el metabolismo de los alimentos, lo que da lugar a síntomas digestivos ante la ingesta del alimento implicado (dolor abdominal tipo cólico, diarrea…).

En los últimos años ha habido una mejora en el diagnóstico y el tratamiento de la alergia a alimentos. De forma paralela ha ido aumentando la frecuencia y la gravedad de la alergia alimentaria, se estima que afecta del 1% al 3% de la población general, llegando al 8% en los niños.

Entre los adultos, los alimentos más frecuentemente implicados son las frutas, frutos secos y mariscos, mientras que en la edad infantil, la leche, el huevo y el pescado son los que producen la mayor parte de las reacciones alérgicas. En los casos de alergia a leche y huevo en niños, generalmente se alcanza la tolerancia de forma natural en la edad infantil, el 80% en el caso de la leche y hasta un 50% para el huevo a la edad de 5 años, siendo menos frecuente su aparición en la edad adulta.

Para el diagnóstico de la alergia a alimentos, se realizan pruebas cutáneas con extractos de los alimentos implicados o directamente con el alimento en fresco, es lo que se denomina prueba de prick y prick-prick. Además, se pueden determinar anticuerpos específicos en suero, IgE, frente a los distintos alimentos. En algunos casos será necesario realizar pruebas de provocación oral con el alimento implicado para confirmar o descartar la alergia a alimentos.

Hasta hace algunos años, el único tratamiento disponible para los pacientes alérgicos a alimentos era la evitación estricta del alimento. Esto conlleva una continua lectura del etiquetado para evitar los alérgenos presentes e incluso los ocultos en los alimentos procesados, lo que genera estrés y un empeoramiento de la calidad de vida de los pacientes y sus familiares.

En los últimos 15 años, se han empezado a desarrollar tratamientos específicos, que modifican el sistema inmune, para alcanzar la tolerancia al alimento al que el paciente es alérgico. La mayor parte de los estudios publicados en la literatura médica se han realizado con leche, huevo y cacahuete, y es lo que se conoce como inducción de tolerancia oral o desensibilización a alimentos.

Estos tratamientos con leche y huevo consisten en la administración progresiva de pequeñas cantidades del alimento al que el paciente es alérgico, hasta llegar a la tolerancia de una cantidad adecuada para la edad del paciente. En algunos casos no se alcanza la dosis total del alimento esperada, considerándose beneficiosas las dosis parciales. El éxito de estos tratamientos está en torno al 70-90%, dependiendo del protocolo que se lleve a cabo y el tipo de paciente. En algunos casos es necesaria la administración conjunta de anticuerpos monoclonales, como el anticuerpo anti-IgE, para poder llevar a cabo esos tratamientos y alcanzar la tolerancia de la dosis deseada.

En el caso del cacahuete, se están llevando a cabo estudios de inmunoterapia oral con harina de cacahuete, con resultados prometedores. Otras vías de administración, como los parches que se aplican a nivel cutáneo, tienen resultaos menos esperanzadores.

Con respecto a la alergia a alimentos de origen vegetal tanto en niños como en adultos, debido a una proteína denominada LTP (proteína transportadora de lípidos), presente en frutas y verduras, existe en la actualidad una vacuna de extracto de LTP de melocotón (Pru p 3). Es una vacuna de administración sublingual, para aquellos pacientes que presentan reacciones graves tras la ingesta de alimentos de origen vegetal relacionados con la alergia a la proteína LTP. Los diferentes estudios han mostrado resultados esperanzadores para estos pacientes que debían realizar dietas muy restrictivas y con el riesgo de sufrir reacciones graves inesperadas.