Un negocio familiar al servicio de los getafenses desde 1963

Esta historia se remonta a 1963, cuando Don Quintín Cabrera monta su propio negocio de carnicería. Quintín empezó a trabajar en la Carnicería ‘La Bejarana’ de Getafe ubicada en la C/ Madrid esquina con C/ Hospital de San José en el año 1957. Ahí es donde aprendió el oficio con Juanito y Bernardino. En 1963, sus jefes de aquel entonces le vieron capacitado y le proponen irse por su cuenta a un local que tenía Juanito en la C/ General Castaños, número 32. Allí trabaja durante unos años a comisión y ya en 1969 decide independizarse y se traslada a la galería San José de Calasanz.

El fundador, Quintín Cabrera, en su primera carnicería de la calle General Castaños, 32 (1963).

Cuando comienza con su nueva andadura empresarial compra un vehículo para poder desplazarse a por ganado vivo, en aquellos tiempos el ganado se compraba vivo y eran los propios carniceros quienes se encargaban de sacrificarlo en el matadero. Algo que ha cambiado en nuestros días, ahora los trabajadores de los mataderos son los encargados de esas labores. Normalmente, compraba género por la parte de Toledo y de Ávila, donde mantenía buenos contactos con proveedores. Fueron años de duro e intenso trabajo, ya que Quintín tenía que levantarse los domingos a las dos de la madrugada para ir a buscar género junto con su amigo Tomás García, que también era carnicero, compartían la mercancía para conseguirla a mejor precio. Hoy en día se compra el ganado muerto expuesto en cámaras refrigeradas, o incluso los proveedores se encargan de distribuirlo. Pero de todo esto, hay algo que esta familiar carnicería ha mantenido en el tiempo, y es la forma de trabajar de manera tradicional, siguen siendo ellos mismos los que se encargan de cortar la carne y preparar los productos de la misma forma de siempre, de ahí se les conoce por sus famosos chorizos, adobos, salchichas y hamburguesas, entre otros productos. Y hablando de los productos, Juan José Cabrera, hijo del fundador y actual propietario, recuerda las fechas navideñas de mediados de los 70, cuando solo tenía 8 añitos y estaba deseando tener vacaciones para irse con su padre al matadero a ayudarle en el trabajo de matarife con lechales y cabritos; “desde muy pequeño tuve claro que iba a ser carnicero, era lo que yo veía hacer a mi padre y era lo que a mí me gustaba”.

 

Un negocio cercano y familiar

Virgilia Retuerta y Quintín Cabrera, en el primer
local de la galería San José de Calasanz (años 70).

El negocio era y sigue siendo familiar. En los inicios Quintín contó con la ayuda de su mujer Doña Virgilia Retuerta, y su cuñado, Benito Retuerta. Juan José Cabrera cuenta que su padre enseñó el oficio a su tío para ayudarle en cada una de las tareas, y su madre se encargaba de cobrar y despachar en algunas ocasiones. En los años 70, cuando más volumen de trabajo había, llegaron a estar tres personas despachando: Quintín, Benito y un cuñado de su amigo Tomás. Además, el tío Valentín y el tío Paco ayudaban a deshuesar piezas. Juanjo se introdujo en el negocio desde muy chiquitito: “Me he criado en el negocio, pero con 12 años es cuando empecé a aprender el oficio, a deshuesar, preparar la carne y llevaba pedidos con un carrito grande. Fui al colegio y al instituto, pero en mis ratos libres me venía para acá”.

En 1995 Quintín cae enfermo y su cuñado Benito se jubila. Es entonces cuando su hijo Juanjo, actual propietario, empieza a adquirir más competencias y su mujer, Mila Arroyo se incorpora al negocio. Y durante unos años, el hermano de Mila, Juanma Arroyo, también estuvo trabajando con ellos. Pasados dos años, en 1997, se queda el matrimonio a cargo de la carnicería. En el año 2000 Juanma deja el negocio y se va a Guadalajara a montar su propia carnicería; entonces, contratan a Jesús Gómez, un chaval jovencito que estuvo con ellos durante seis años y desde hace más de diez años se quedaron solos los dos trabajando mano a mano.

A lo largo de su historia, la carnicería Quintín Cabrera ha pasado por dos locales. La primera tienda se situaba en la C/ General Castaños, 32. Era un local muy pequeñito de despacho al público, y detrás había una trastienda con una cámara y la mesa donde se deshuesaba. Y el segundo local, el número 24 de la galería San José de Calasanz,

Juan José Cabrera con dos años junto a su
madre Virgilia en la máquina registradora (1970).

contaba con unos 18 metros cuadrados, un mostrador de unos cinco metros y detrás una sala con una cámara. A finales de los 70 y principios de los 80 deciden comprar el local aledaño, el número 25 que quedó libre tras pasar una tienda de frutos secos y una floristería, y en esta nueva zona incorporan un mostrador de congelados, donde vendían cordero de Nueva Zelanda.

La maquinaria se ha ido cambiando a medida que se ha estropeado, pero aún conservan desde hace más de treinta años una embutidora hidráulica. Al principio se amasaba a mano y ahora disponen de una amasadora para preparar chorizos y salchichas. En aquellos años se preparaban a la semana unos 130 kilos de chorizos y salchichas, se amasaban en una bañera y se preparaban en una mesa y con una embutidora de manivela se iban prensando, después se ponían a secar en una sala de la vivienda familiar.

En 2004 hacen una reforma y se cambia toda la distribución, se hace una cámara nueva al otro lado del local, y detrás del mostrador el obrador se adapta a la nueva normativa de la ley de sanidad. Y en 2007 se cambia el mostrador y se cierra la ventanilla del congelado.

El volumen de venta también ha cambiado, se siguen demandando los mismos productos pero en aquellos años se compraba en grandes cantidades y, sin embargo, hoy en día se compra a diario. Antes se vendían muchos chorizos y adobos, por tradición el adobo preparado es ya algo conocido. Ahora la gente demanda algo más elaborado y preparado como las albóndigas, hamburguesas, filetes empanados o sanjacobos, productos que tienen en cuenta las alergias y son elaborados sin gluten.

Con el paso de los años, la carnicería se ha ido convirtiendo en un referente entre las familias getafenses, ya que a día de hoy cuentan sus propietarios como van a comprar abuelas, hijas y nietas. Incluso algunos clientes que se han ido a vivir a otros barrios de Getafe se acercan a la galería comercial para seguir consumiendo sus productos. Todavía les queda mucho camino, pero no creen que sigan con el negocio alguno de sus hijos.

Por último, Juanjo quiere agradecer a sus padres el haberle enseñado el oficio, a su mujer Mila, por acompañarle y llevar más de veinte años juntos al frente de la carnicería y, sobre todo, a los clientes fieles que siguen confiando en ellos y en sus productos.

Juanjo y Mila, actuales propietarios, delante del puesto de carnicería en la actualidad.

Texto: Natalia Sánchez Martín-Albo

Fotos: Carnicería Quintín Cabrera