Luis Andrés Domingo Puertas / Historiador y arqueólogo

Aún podía, si cerraba los ojos, escuchar a lo lejos el sonido de las detonaciones, el silbido de las balas, los cánticos de los combatientes atrincherados y enfebrecidos, podía oír algunas órdenes confusas a lo lejos y las carcajadas nerviosas que conjuraban el miedo. Y es que el tiempo pasa, pero la guerra queda como una cicatriz que supura en el recuerdo y nunca cura del todo.

Habían pasado tantos años… Entonces solo era un muchacho, un muchacho pagado de ideales y banderas, un muchacho que no sabía todavía que aquellos días lejanos se llevaban lentamente el polvo de la historia y cubrían de pasado la juventud herida por una contienda civil que traería graves consecuencias. Había sobrevivido a una guerra, había contemplado desde aquel cerro los movimientos tácticos del enemigo y había sentido la caricia en la sien de una bala perdida, pero ahora, en pleno siglo XXI, las trincheras ya no podían protegerle de la fatal bala de la muerte, cuyo aliento era tan cierto y cercano como el viento que le rozaba el rostro surcado de arrugas.

Pisaba el Cerro Melero por segunda vez en su vida. Después de aquellos días de mediados de 1938, nunca pensó que regresaría. Pero a sus 98 años, todavía podía caminar por sí solo y conservaba un vago crepitar de juventud en la mirada. Por eso, al enterarse de que un equipo de arqueólogos había vuelto a sacar a la luz las trincheras que él mismo había ayudado a excavar hacía ya tantos años, quiso volver para reencontrarse con su pasado, que es ya historia de todos los españoles. A su edad, era superviviente por partida doble y hombre enamorado de la vida y de su mujer que, también muy mayor, le acompañaba junto a sus seis hijos y le daba la mano con ternura, consciente de lo que aquello significaba para él con toda una vida de por medio.

Después de pararse a contemplar la escultura que rememora la Batalla del Jarama con los versos de Pablo Neruda grabados en el pedestal, subió con dificultad y ayudado por uno de sus hijos el suave repecho hasta coronar el cerro. La fatiga y la emoción no impidieron que identificase un paisaje de topografía conocida, pero muy cambiado por las huellas del progreso. En la cima pelada de aquel cerro, se vio a sí mismo, al joven con ideales que muchos años antes había pasado allí una parte de la guerra.

El Cerro Melero es un emplazamiento desde el que se divisan muchos de los puntos estratégicos de la Batalla del Jarama. La plataforma que lo corona conserva hoy en día un sistema de trincheras y galerías que cuenta con puestos de tiro, un entramado de galerías, refugios, etc. Se trata de uno de los puntos de control sobre la actividad bélica que se desarrollaba en la vega del Jarama y, aunque ocupaba una posición de retaguardia y no de primera línea de combate, contaba con suficiente preparación para una eventual batalla, pues en su conjunto constituía una posición con gran dominio visual y bien dotada como puesto fortificado.

Recientemente, tras las excavaciones arqueológicas que han permitido estudiar el conjunto, se han acondicionado como elementos visitables un pozo de tirador, un puesto de fusil ametrallador, dos asentamientos de ametralladora en trinchera, un abrigo excavado para la tropa, un abrigo para el mando y un refugio antiaéreo subterráneo.
Para aquellos que estén interesados en visitar este enclave y hacerse una idea de como fue la vida en las trincheras de la Guerra Civil, el acceso debe hacerse desde la Autovía A3, cogiendo la salida del kilómetro 25. La visita puede realizarse por libre, pero también es posible reservar visitas guiadas. Para solicitar más información escribir al correo electrónico turismo@ayto-arganda.es o llamar al número de teléfono 918 711 344.