El taller de siempre con detalles de la vida moderna

Neumáticos Quintana comenzó su andadura en el año 1975, en el barrio madrileño de Usera. En un primer momento el local estaba pensado como lavadero de coches y mantenimientos sencillos del vehículo, como cambios de aceite. Dos años después, las instalaciones de Neumáticos Quintana se quedaban pequeñas y se alquiló un nuevo emplazamiento en la localidad de Pinto.

El taller entonces se convirtió en un taller de ciudad, administrando un mayor número de servicios, como neumáticos. Tras varios años de funcionamiento, las necesidades del público aumentaron y por ende, también las de la empresa. En el año 1983 se adquirió una nueva parcela conformada por 1000 metros, de los cuales 600 fueron dirigidos a la construcción de la nave principal. Neumáticos Quintana ampliaba cada vez más su horizonte, esta vez introduciendo lavado automático de coches e incluso de camiones.

Las últimas modificaciones del complejo vinieron agrupadas entre los años 1990 y 1995, cuando se decidió anexionar la parcela contigua. Eran muchas las posibilidades para esta parte, hasta que por fin se optó por la creación de un bar como apoyo al negocio principal.

Un negocio familiar
Paco Quintana ha crecido con la empresa desde pequeño. En las tardes de verano cuando era niño su pasatiempo se basaba en ir al taller de su padre a ayudar a lavar coches. Para él y para sus hermanos ha sido un negocio de toda la vida, que han visto en sus inicios y ahora se ven de adultos teniendo que tomar las riendas.

Dcha.: vista aérea del taller en los primeros años del negocio.

Trabajando desde el año 1993 y hasta su adquisición en el 2005, no ha dejado de innovar y fomentar el negocio que su padre les dejó a él y a sus hermanos como herencia. En la actualidad, los tres hermanos dedican todo su tiempo y empeño en llevar cada una de las secciones que convenientemente se repartieron entre ellos para sacar adelante la empresa. Paco afirma “ser de números”, dejando el taller y la mecánica a su hermano José. El bar lo lleva la hermana de ambos, Juani, gestionando el rato de ocio de los clientes y trabajadores de la zona.

Las reformas y las continuas ampliaciones de terreno son las responsables de que, a día de hoy, Neumáticos Quintana esté formado por una gran infraestructura. Éste quizá es uno de los puntos más difíciles en la gestión del negocio, según nos afirma Quintana. Lo que diferencia a este taller del resto, aparte de su evidente tamaño, es el trato directo y la familiaridad con la que los hermanos Quintana y el resto del equipo tratan al cliente.

Neumáticos Quintana ha ido creciendo de generación en generación: los clientes de la actualidad son descendientes de padres y abuelos que acudían al primer taller Quintana en Madrid.

Crecimiento paralelo a los cambios
Echando la vista atrás, Paco recuerda el taller de su padre como un taller mucho más familiar y acogedor, donde los clientes eran los vecinos y conocidos que se acercaban a unos cuantos retoques para su vehículo. En la actualidad, la sociedad ha cambiado y los coches aún más, por lo que Quintana ha tenido que crecer paralelamente a los últimos cambios. El volumen de negocio es mucho mayor y más exigente que antaño, y todos los trabajadores necesitan estar en constante expansión y formación. “Antes los cambios de aceite se hacían a los 3.000 kilómetros, hoy se hacen a los 30.000 kilómetros”, reconoce Paco ante el gran cambio que estamos experimentando desde hace 25 años.

Perspectivas de futuro
La empresa se ha ido moldeando en función de la situación económica y de la información del cliente. Cuando le preguntamos a Quintana sobre la perspectiva futura de la empresa contesta: “El cliente ha cambiado mucho. Ahora el trabajo es mucho más encasillado. Hay que mirar hacia el futuro”.

Izq.: Plano general con Francisco ante la fachada. Dcha.: Trabajadores en el lavadero.

Es evidente que el mundo de los coches evoluciona a la velocidad de la luz: los coches eléctricos son una realidad existente. Aún queda mucho camino por delante y el gran cambio no es inminente, pero la perspectiva de aquí a diez años no va a ser la misma. El taller mecánico de siempre tiene dos opciones: o reinventarse y crecer hacia delante o morir tras todo el recorrido efectuado.

En este sentido, Neumáticos Quintana, con domicilio en la calle Albatros, número 1 de Pinto, todavía tiene mucha vida por delante y seguirán siendo fieles a los clientes de toda la vida y sus necesidades, apostando por el futuro.

Texto: Raquel Martín Íñigo
Fotos: Neumáticos Quintana/Ayer&hoy